Friday, September 22, 2006



Para mi hermana Alma.
Te quiero.


- ¿Quién se atrevió a herirte?- Pues en las palmas de sus manos se veían las señales de dos clavos, y las mismas señales se veían en los piececitos. -¿Quién se ha atrevido a herirte?- gritó el gigante. -Dímelo para que pueda coger mi espada y matarle. -No- replicó el niño, pues estas son las heridas del amor.

Thursday, March 16, 2006


Eso que no se cura

Gonzalo rojas.

Eso que no se cura
sino con la presencia y la figura,
esa dolencia me arde y me devora
en este puerto muerto,
todo de sed y espina coronado.

La mujer es la semilla de toda destrucción.
La razón de los sesos destapada.
La razón. La ficción.
Esa pobre razón.
Oh , dejadla.

Miradla como va pisando el mar.
Llorando por el mar con su sangre marítima.
De compras por el mar. De venta por el mar.
Oh ,cuanto mar en ruinas.

Oh, cuanto amor en ruinas, masacrado.
Oh virtud y belleza
tras las vitrinas
de las grandes tiendas..

Pintada por su gran frivolidad,
vedla, ya trágica, ya cínica.
Pintada adentro de su espejo.
Vacía.

Ella duerme en el féretro
Que me sirve de almohada.
Dormid con ella, oh todos mis placeres.
Veladla. Desveladla.
Poseedla, placeres míos.
Reventadla.

Placeres que he gastado no en diamante,
pero en demente, sí, placeres míos,
rasgadla, devolvedla a sus cenizas.
A su valle perdido.

A su niñez de donde nunca nadie
Debió robármela, placeres míos.
A su niñez de trenzas por el bosque.
Placeres míos.


Hay caballos tristes galopando sobre pétalos secos
envueltos por todo el itinerario de palabras y de silencio
que ofrecen los ambientes oníricos de momentos evocados entre insomnios,
hay cielos de nubes rojas coaguladas que se niegan a morir
para dar paso su trasfondo de muerte itinerante perdida por una ciudad cualquiera
llevada al exceso mitológico por un paroxismo de tristeza infrenable.
Hay algo que brilla con incertidumbre, que tiembla, se extiende, se dilata
se detiene en un pensamiento, refleja majestosa la grandeza de algún recuerdo,
luego resignada cae, se rompe en un golpe aterciopelado para reconocerse lágrima.
Algo hay perdido, algo demasiado vago, demasiado triste como para comprenderlo
demasiado húmedo como para esperar que el otoño lo aclare con su cuota de melancolía
y nostalgia que aguarda impasible en el pecho.

Hay historias que se parten en dos
esperan su complemento inhallable en la esquina de una calle
en una cita secreta ya olvidada,
y entonces hay gritos, asfixia , llanto y un viaje en una ciudad donde no hay andenes
que no lleguen a la muerte, no hay trenes, ni tranvías, no hay caminos que no conduzcan a la muerte. Y ya todo es olor a leña seca, a ceniza, a polvo viejo acumulado en los rincones.

Monday, March 13, 2006


Rosa de Almizcle
La bestia arquetípica que aguarda en los confines de la almohada,
las flores, los objetos, los utensilios agrios y oníricos que esperan componer
la naturaleza muerta del sueño,
el hálito tibio de tu respiración el algún lugar de la noche,
perdida como siempre, como de costumbre entre resinas de recuerdos,
lejana y muerta al toque humano,
en las ceremonias de lirios y aroma de almizcle
en ambientes tristes y Baudelerianos
con melodías polvorientas entre muñecas viejas y olvidadas
de infancias perdidas,
son violines esas notas quebradas que se aliteran hasta la muerte
y que tocan tu pelo azabache que se funde con los astros muertos del sueño,
y tu rostro solemne en la liturgia nocturna,
ya no esperas despertar al toque de los labios difuntos,
te quedas con la nostalgia de flor que ha perdido los pétalos y afilado sus espinas
en la batalla inagotable con el barro que os cubre.
Duerme, niña triste
estrella de niebla
en tu trono de hojas secas y jardines muertos de fragancias inciertas
que el hechizo marítimo se ha trizado,
que la muerte nos canta sus serenatas de lágrimas.


El Río

Por Julio Cortazar

De Final de Juego

Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras. Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.


Narcisos


William Wordsworth

Traducción : lattapier.

Vagaba solitario como una nube
que flota alta sobre los valles y los cerros,
cuando de pronto vi una multitud,
una bienvenida, de dorados narcisos;
junto al lago, bajo los árboles,
flotando y danzando en la brisa.

Continúe hasta que las estrellas brillaron,
y centellaban en la vía láctea,
se dilataban en una línea infinita
a lo largo de los márgenes de la bahía:
Diez mil contemplé de un vistazo
Sacudiendo sus cabezas en una veloz danza.

Las olas danzaban junto a ellos; pero ellos
aventajaron el resplandor de las olas alegres:
Un poeta no se podría alegrar
en tan jovial compañía:
He mirado – y mirado – y poco pensé
en lo que este espectáculo me había traído:

A menudo me recuesto sobre mi sofá
vago o meditativo
y ellos destellan dentro de mis ojos
cual beatitud de la soledad;
y entonces mi corazón se llena de placer
y danza con los narcisos.

“¡Profeta! —exclamé—, ¡ser diabólico! ¡Profeta, sí, seas pájaro o
demonio! ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
por ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
abrazará a una santa doncella llamada por los ángeles Leonor,
si tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonor!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

E.A,Poe


Paraíso en la cloaca con ángeles de barro en los cauces de sangre que desemboca en la muerte, labios moribundos , asco y absurdo remordimientos ásperos en las palabras
verbos,
adjetivos,
sustantivos,
desplegados orgiásticamente por el falo sangriento del suicidio horas clavadas en las carnes húmedas y tristes,
aromas narcóticos de narcisos negros y secos bajo lunas asqueadas
y estrellas muertas sin más refugio que corazones desangrados
en jardines innombrables con tentativas de olvido y belleza hasta la náusea,
doncellas con una alegría inconcebible en medio del sacrificio de sus carnes sobre altares como tumbas de Dioses muertos. El sol se ha escondido y el mar es sólo una forma vaga y sepia como un recuerdo perdido, las manos buscan entre pétalos secos y muertes prematuras lo perdido irremediablemente. ¿Dónde cantan los juglares de los reinos perdidos? ¿Los príncipes perdidos en los delirios de su coronación? Seguirán conjurados hasta que la noche les desgarre los últimos pedazos de realidad adheridos en sus carnes, en un silencio que ha suturado las palabras en la ostensible realidad de los sueños muertos, las horas como ópalos desgastados en el curso inescrutable de la muerte. Un guerrero vencido recostado sobre los fragmentos de su blasón roto en un idilio absorto ante la caducidad del hechizo marítimo y la persistencia de las lágrimas sin eco, voces vagas acercan presagios entre sueños en oscuridades musicales de cadáveres que saben de soledad en sus cuartos húmedos y musgosos de heridas que ni la tierra ni el tiempo cubren, de hojas caídas y sus simbolismo mortuorio. Mal no se recuerdan las estaciones, mal no se recuerda un otoño o un verano cualquiera desde la perspectiva de las cicatrices y las promesas rotas y lo que envejece en una embriagues carmesí, se quedan miradas en el triste destino del silencio incrustadas en los párpados húmedos, en las distancias que no dejan de doler en el opio de los recuerdos, la fisura en el corazón en el transcurso del tiempo inmemorial.

Sunday, March 12, 2006


My Child - Wife

Monday, March 06, 2006

Jim Croce - Time in a bottle

Tiempo en una botella


Si pudiera guardar tiempo en una botella
La primera cosa que me gustaría hacer
Es guardar cada día
Hasta que la eternidad se desvanezca
Solo para pasarlos contigo.

Si pudiera hacer que los días duraran para siempre
Si las palabras pudieran convertir los deseos en realidad
Guardaría cada día como un tesoro y luego,
Otra vez, los pasaría contigo

Pero nunca parece haber suficiente tiempo
Para hacer las cosas que quiero hacer
Una vez que las encuentro
He mirado alrededor lo suficiente para saber
Que tu eres con la que quiero ir
A través del tiempo.

Si tuviera una caja solo para los deseos
Y sueños que nunca se volvieron realidad
La caja estaría vacía
Excepto por el recuerdo
De cómo fueron respondidos por ti.


“...Y si ella desapareciese, nos volveríamos a encontrar otra vez,
otra vez, otra vez nos volveríamos a encontrar otra vez en la
vida eterna de estos poemas ¡Oh! Epitalamio!...”
Pablo de Rokha

I

Te reconozco entre los tonos ácidos del insomnio
creciendo en el silencio
de un lenguaje ensayado detrás de la luna
en un reino diluido entre cadáveres
tan ingrávida a medio camino del desgarro
que te declara muerta en el preciso instante en que tocas piel
en que la luz teje tu belleza en el mundo
con los colores claros de un sueño en el desierto.

¿Que otra fragancia de piel,
que otra tersa blancura,
que otro cuerpo merece la sangre de mis palabras?
Y allí estás
tan inverosímil
como cuando te ví danzando en la lluvia de un tiempo inmemorial,
tan próxima a desaparecer al primer rayo de sol,
princesa de nieve,
y te trizas, te pierdes en los últimos perfumes de algún paraíso,
en algún Partenón donde dioses sacrifican doncellas,
esa tragedia que se escribe con veneno
sobre los últimos pliegues del sol.
Todo siempre tan triste y patético:
Herida abierta sin sutura
ceniza sin retorno,
dolor y después unas cuantas letras
para rememorar la belleza y la ruina.

Saturday, February 25, 2006




Mi estrella;
¿Por qué nací sobre tu roca?
¿Por qué crecí sobre tu espina?

Gonzalo Rojas


Pondré a dormir a la muerte en el filo de mis palabras
para que se acueste a tus pies como un gatito siamés
para cuidar tu sueño de princesa destronada
de reinos perdidos
con juglares oscuros que cantan los sueños muertos,
para que los mortuorios destellos opacaos y aromas ásperos
no rocen tu piel,
para limpiar con mis lágrimas tus espinas carmesíes
de batallas perpetuas,
para detener el galope del hades
en la incierta inmortalidad de los acordes de tu presencia,
para ser el nigromante en la alquimia de tus terrores
por lirios húmedos de lluvias inmemoriales,
para sellar con una ajorca de silencio tu tristeza,
para cuidarte como un príncipe guerrero de historias olvidadas
de las tinieblas de ese sol perdido en laberintos inescrutables,
de los dragones y demonios que nacen de tus heridas,
para darte algún secreto oculto en las hojas caídas,
para darte algún reino a medio hacer que se complete con tu sonrisa,
para darte el ultimo fulgor sonámbulo de alguna estrella muerta
que cae sin que nadie la vea,
para darte la certeza de los sueños y la incertidumbre del tacto
que se disuelve y vuelve a ser irreal con el encuentro
de las pieles,
para darte lo marítimo de ese misterio que alimenta el hechizo
que nos envuelve.

Restless


Tenemos la espera en un silencio rugoso y áspero
en los lindes ácidos de los besos húmedos y desgarrados
que duermen en ríos donde se abre paso la muerte
entre estrellas muertas y sangre perfumada de ángeles dormidos
en la perpetuidad de la cal.
Debilidad y fatiga de horas acumuladas en los huesos y el corazón
un peso inexplicable y marítimo extendiéndose en espacios vacíos
entre lágrimas y angustias.
Violetas, ¿crecerán violetas en esos espacios vacíos?
Violetas en sepia que recuerden el frío de las infancias perdidas,
de los paraísos bocetados con palabras que envejecieron de pena,
serenatas de lágrimas, constelaciones innombrables en bocas rotas,
en la tenaz sobrevivencia de las atmósferas oníricas y lutos indefinidos,
noches y lunas inciertas en los claroscuros de la habitación,
cenizas de pérdidas inmemoriales, liturgias de tierra y otoño,
caminos de piedras enmohecidas y espejos rotos ensangrentados
en la cadencia de las hojas caídas
¿ que nos dicen en sus respiros amarillos y gastados?
Tal vez algo de nupcias en los altares de la muerte, luego una espera
en un puerto gris , opaco, fragmentado y desgastado por el sol rojo que no llega,
sin sonidos lejanos que presagien una voz,
sin ruidos que presagien los pasos blancos de alguna novia desposada en el sepulcro,
solo una presencia indistinguible que ronda,
borrosa y caleidoscópica
mientras desapareces entre las esquilas de los sueños rotos,
en el escuálido misticismo que te sostiene en los contornos de tu dolor,
en el rocío y la escarcha sobre flores de papel ardiendo de impotencia
sobre jardines de asfalto abandonados al alba
para volver al naufragio en sentinas de tristezas inasibles
para irte entre la lágrimas de vuelta al sueño de mis palabras.
¿Donde he de esperarte princesa destronada de reinos perdidos?



Conmigo adentro entre espinas y precipicios
con gotas de sangre como astros carmesíes de combates viejos
que recuerdan la caída y el transito de sombras en tierras perdidas
donde recibimos el fuego original que labra la copa de sangre de nuestras liturgias.
Recibe dormida palabras de lluvia a intervalos de oscuridad.

Un guerrero cuenta heridas insomnes a la orilla del sepulcro.

Busco en la tierra y en la humedad marítima de las tristezas
lirios cortados para ornamentar la oscuridad de tus pensamientos,
con la espada al hombro frente al rayo que quemó tu reino sonámbulo,
en las horas de las horas que espero en la rugosa realidad de los sueños muertos
y el polvo acumulado en espejos rotos que no reflejan nada a nadie
que no se haya sido asfixiado antes de verbos y adjetivos nocturnos e inciertos
bajo la luna que embellece el lecho del suicida, el celo viejo a la vida,
la vejez que hay inoculada de antemano en los corazones,
cuantas escaleras girando hasta el abismo y lo llano de los días de otoño
todo partido, trizado, grietas y aromas de hojas secas y leña olvidada.

Un juglar construye una elegía con cantos de pájaros muertos.

Marchas irreales de corceles de tinta negra que galopan
trazados en nubes monocromas,
nombres que se cubren de polvo de olvidos posteriores,
luz escasa para buscar las salida del laberinto,
ensueños en cuenta regresiva,
a las orillas de un puertos donde zarpan a mares desconocidos,
llenos de espumas agrias y presagios de naufragios irremediables,
antes de rodearnos de cenizas y utopías gastadas toma mi mano fatigada
escóndeme, refúgiame aunque una sea una vez
mientras la muerte se desposa con nuestro tiempo perdido.


Se cierra la noche como un ramo de violetas secas.

Por las venas va la herida conjurada a no cicatrizar
la carne muerta en los lutos del silencio
la liturgia de los pétalos secos
bajo la luna fragmentada antes
que los cantos de los grillos desgarren sus membranas
la castidad bañada de sangre
ebriedad de lágrimas
en los labios pálidos que recuerdan un nombre,
un beso que no llego sino
al terciopelo áspero del sepulcro.

Espera a la luz, al fragor asesino
que te parte y te hunde en sus ruinas
para volver a ser lo que invoca la palabra en el silencio,
en una muerte más dulce que el suicidio
una muerte si más que un recuerdo fragmentado
que se va
cada minuto
cada segundo
hasta deshacerse en las constelaciones de sueño.


Pálida,
lirio de invierno en rebelión con los fulgores del verano,
dame un dolor rugoso,
una herida nocturna que no cicatricen las lágrimas.
¿Llorarás por los ángeles sacrificados en la palabra?
habrá una lágrima de marfil
de tus ojos de petróleo
para el cadáver que se duerme en tu agonía,
por los sueños muertos
reflejos rotos en espejos trizados,
teñidos de sangre
en la resaca de paraíso en ruinas
bajo el óleo opaco de las estrellas.
Es sólo ficción. Una mañana de verano, brisa marítima, sueño, sobretodo sueño la única morfina de las depresiones y el dolor. Risas de niños jugando afuera, cuanta alegría ensudorada bajo el sol. Alguien en algún sitio se levanta, ve la belleza que lo rodea, con ojos algo turbios enrojecidos por el alcohol y las pastillas. Alguien silencioso escucha palabras de amor y fraternidad. Alguien mira por la ventana ve el jardín esplendido, ve rosas y piensa: “Lástima no crezcan rosas en mi corazón”. Luego un estruendo y sangre salpicando el cuarto y las sábanas blancas. Una vida, una muerte :Sólo ficción.

Las palabras no suturan heridas
el corte caligráfico que va
de extremo a extremo
en el corazón
cuarzo oscuro media luz de venas cortadas
no detienen el sueño
el sopor
del sonido sucesivo de acordes sinfónicos
lascivos y mortuorios
la ebriedad monocroma de lo desconocido
lo orgásmico de lo desconocido
el querer entrar de lleno a su vientre sin remordimiento
el aroma de cirios mezclados con lirios secos
opio de almas muertas
sin lujuria
pecado que los redima
en las horas que no vinieron en tropel por las sábanas.
Debería haber un orfanato para todas las cosas
que nadie quiere más
para los viejos trastos de recuerdos envueltos en palabras viejas
cachivaches mortuorios
recogidos en la morgue:
Lujuria esparcida por entre estaciones muertas,
alguna orquídea entre la rugosa realidad de los sueños muertos
que nada dice en su inmortalidad en sepia,
alguna muñeca destartalada con un lirio seco en la mano.
Para todas las horas carmesíes de un pasado promisorio
que no pasó de ser una estrella muerta
en constelaciones perdidas,
para la infancia
risas, juegos que ahora orquestan los silencios mortuorios
de una vejez anticipada,
para lo perfumes hundidos en las grietas una piel olvidada
cuanto llanto,
cuanta sangre,
y consuelo inefable en la lujuria de la muerte.

Debería haber un orfanato para todas las cosas
que nadie quiere más
rostros,
labios,
pieles, humedad,
calles, ciudades,
que son ahora sólo presencias envenenadas
teñidas por la nostalgia
que oprime el pecho.

Monday, January 23, 2006


















VOY A HABLAR DE LA ESPERANZA


Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente.
Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente.
Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!


Cesár Vallejo.




Los ángeles lloran el tiempo perdido
sobre las cenizas de las estrellas muertas
crecen lirios en sus ausencias estelares,
flores tristes ingrávidas,
puñales y heridas marmóreas
de historias antiguas,
crece agonía de humedad marítima,
algo perdido en los contornos de la pena:
risas, palabras, tacto de piel
y lujuria imaginada
una falta sin fondo en la vulva de la muerte
meretriz de terciopelo de sombras
crece un pregunta que resuena fragmentada de ecos.

Estrellas muertas: ¿qué conjuro les devuelve el resplandor?
¿el sueño,
lo onírico del fulgor de los sueños?
¿Allí renacidas
como rocío de cal sobre los párpados de Endimión*
desnudes
lujuria
labios de marfil de la luna
sobre los labios somnolientos de Endimión
serán nuevamente la belleza pálida y eterna
ante la negrura de los ojos
de los amantes muertos?



*Post scriptum: Endimión, pastor de Caria. Una noche de verano, luego de cuidar sus rebaños, Endimión se refugió en una gruta en el monte Latmos para descansar. La noche era clara, y en el cielo la luna paseaba en su carruaje. La luz entró en la cueva, y así pudo ver al joven dormido. Desde el momento en que la diosa lo miró se enamoró de él.Descendió entonces del Cielo, y Endimión fue despertado por el roce de los labios de la luna sobre los suyos. Toda la caverna estaba iluminada su la luz plateada. Ante él vio a la diosa lunar brillante, y entre los dos nació una gran pasión.La diosa lunar subió después al Olimpo, y rogó a Zeus que le concediera a su amado la realización de un deseo, y el Señor del Olimpo aceptó. Endimión, luego de meditarlo, pidió el don de la eterna juventud, y poder dormir en un sueño perpetuo, del que sólo despertaría para recibir a la diosa lunar. Zeus le concedió su petición.