Monday, March 06, 2006



“...Y si ella desapareciese, nos volveríamos a encontrar otra vez,
otra vez, otra vez nos volveríamos a encontrar otra vez en la
vida eterna de estos poemas ¡Oh! Epitalamio!...”
Pablo de Rokha

I

Te reconozco entre los tonos ácidos del insomnio
creciendo en el silencio
de un lenguaje ensayado detrás de la luna
en un reino diluido entre cadáveres
tan ingrávida a medio camino del desgarro
que te declara muerta en el preciso instante en que tocas piel
en que la luz teje tu belleza en el mundo
con los colores claros de un sueño en el desierto.

¿Que otra fragancia de piel,
que otra tersa blancura,
que otro cuerpo merece la sangre de mis palabras?
Y allí estás
tan inverosímil
como cuando te ví danzando en la lluvia de un tiempo inmemorial,
tan próxima a desaparecer al primer rayo de sol,
princesa de nieve,
y te trizas, te pierdes en los últimos perfumes de algún paraíso,
en algún Partenón donde dioses sacrifican doncellas,
esa tragedia que se escribe con veneno
sobre los últimos pliegues del sol.
Todo siempre tan triste y patético:
Herida abierta sin sutura
ceniza sin retorno,
dolor y después unas cuantas letras
para rememorar la belleza y la ruina.

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